Podría decir que era tan común como los demás; bueno no tanto, pero si un humano.Ese día sería como cualquier otro, el viento húmedo golpeaba mi rostro y peinaba mi cabello hacia atrás mientras bajaba las escaleras. Ese día era como cualquier otro; clases aburridas, compañeros haciendo desmanes y escuchabamos uno que otro chiste pésimo que hacía el profesor de filosofía, en mi fuero interno me decía "pobre, me compadezco". Mis amigas me habían esperado en la entrada, Verónica cargaba torpemente su mochila tratando de meter una libreta y no tirar su chaqueta y Rebecca estaba reiendose al escuchar las pestes que lanzaba Verónica y trataba de coordinarse. Al llegar donde estaban, le propine un golpe en la cabeza a Rebecca y ella me lo devolvio con un puñetazo en el hombro, intercambiamos miradas amenazadoras y depués empezamos a reír.
Decidimos que era mejor ir a distraernos un momento al centro del pueblecillo. Era colorido pues tenía unos focos de muchos colores pastel, tenía unos cuantos lugares rísticos y el ambiente parecía ser ligero.Comer un helado nos refresco un poco.El recorrido terminó y preferí mejor irme que seguir otras cinco horas con ellas.Me despedí, subiendo al transporte. Camine por el pasillo y me senté cerca de las ventanillas para poder observar el mismo panorama, con la diferencia de que siempre encontraba algo en que pensar. Al ver las flores tapizando las orillas del campo y las nubes moverse por el viento me daban esa paz necesaria para pensar las cosas desde perspectivas diferentes e incluso podía decir que buscaba muchas maneras de dañar a las personas que alguna vez me dañaron o lo intentaron.Supuse que cuando hay un tiempo en el que la soledad y uno mismo estan en compañía formas una telaraña de ideas y que no le encuentras el inicio o el final pero si un "por qué" o un "cuando".
Bajé y caminé tranquilamente por la calle, viendo unos cuantos pequeñuelos pasar corriendo a mi lado, unos jóvenes besándose en la esquina, unos cuantos policías comiendo torta mientras se hacia el tráfico.
Al estar cerca de mi casa escuché el cantar de unas cuantas golondrinas situadas en la copa de un árbol muy grande y frondoso tdas las estaciones del año. Al traspasar la puerma observé la la puerta para entrat a casa estaba abierta, y yo que supiera nadie iba a encontrarse en ella; sin embargo esto me decía que alguien había estado adentro o... todavía alguien se encontraba allí. De entre mi mochila sauqé una pequeña navaja que me había regalado mi padre. Sigilosamente entré en la casa vigilando y mirando hacia todas direcciones, el temor emanaba que emanaba de mí era evidente que un escalofrío me recorrió por todo el cuerpo y me estremecí de pies a cabeza.Nada en la planta baja.
Se escucharon unos pasos en la segunda planta por lo que subí sin hacer ruido hasta arriba.Al ir subiendo parecía que me restaran fuerzas, mis pies se empezaban a debilitar, parecía gelatina.
Abrí la puerta de mi cuarto, nada; después a la de mi hermana y nada, pero mi temor no se iba faltaba revisra un lugar. Al entrar al cuerto de mis padres la escena me derrumbó en todos los sentidos, a cada paso fui cayendo, mi corazón palpito con toda su fuerza que sentía que saldría de mi pecho.Ver los cuerpos fríos y yertes de mi familia me destrozo el alma, la sangre se me congelo al ver la sangre que emanaban de sus venas y sus ojos abiertos mirando fijamente hacia el techo. Clavé la navaja en el colchón; el dolor, la confusión, el rencor y la extrañeza se conjugaron dentro de mí desembocando este río de emociones en el mar de coraje y rencor, el deseo de vengar a mi familia. Unas cuantas lágrimas de impotencia rodaron sobre mis mejillas.
- ¿Tu eres Jovanna? - preguntó alguien a mis espaldas.
Fruncí el ceño y entrecerré mis ojos, volteé poco a poco; me quedé atontada al ver a una persona diferente a los demás físicamente.Era de una tez apiñonada, de una estatura considerablemente alta, su cabello oscuro mirando unas cunatas puntas al cielo y el resto estaba despeinado dandole un toque perfecto, su porte era parecida a la de un ejecutivo pero con más autoridad; sus ojos penetrantes me hicieron bajar la mirada, sin embargo recordaba sus facciones de su rostro a perfección, era de facciones finas muy hermosas y sus labios de un color carmesí muy extraño. Era un hombre de una belleza inaudita, era...perfecto en todo los sentidos.
Carraspeó tratando de llamar mi atención parecía un poco incómodo por mi reacción.
Lo único que cruzó por mi mente después del recuerdo de su belleza es que ese debía ser el asesino de mi familia, un odio indescriptible recorrió por mis venas seguida de adrenalina que quemaba en mis adentros. Tomé la navaja y en un movimiento rápido traté de clavarsela pero fue inútil tenía atrapado mi puño y mirandome inexpresivamente, intentè de nuevo pero ahora con mis dos manos imprimiendo más fuerza de la que alguna vez pude imaginar. En un intento me quitó la navaja de la mano y con ira la tirò al piso, me tomó por los hombros y empezó a tratar de hacer que volviera a la realidad. Al mirarme un poco más calmada me soltó.
- Yo no maté a tu familia- dijo con una vez hermosa, le miré extrañada -Ahora escuchame, tenemos que irnos AHORA
- Pero ¿y mi familia? yo..yo no puedo dejarlo así, por favor ayudame a enterrarlos aunque sea aquí, te lo suplico- el asintió con la cabeza yo solo moví mi cabeza en señal de agradecimiento
Cuando fue bajando los cuerpos me sentía débil indefensa ante la realidad que ahora vivía y que desgarraba un dolor dentro de mí. Corté unos rosales rojos y uno blanco los cuales deposité en cada sepulcro, me dolió imaginar que no pude haberles dejado en un campo santo como debío ser. Ese dolor se convirtión en un fuego que ardía y dolia sin importar donde fuere, es esa clase de triztesa con la cual no puedes vivir y solo tienes desoso de morir junto con ellos o mejor de no haber nunca nacido, pero ahora la vida tenía que seguir adelante no podía quedarme estancada en éste lugar en este dolor.
- Soy Joe, siento no haberme presentado desde un principio
- Vale no te preocupes- recuerdo haber dicho tan vagamente, era como si estuviese en un transe como si nada importase.
- Si me necesitas estaré en tu cuarto solo mantente cerca de mí, voy a empacar.
Desconsolada le acompañé hasta mi recamara, metió unas cuantas cosas en una maleta y otras tantas en otra bolsa. Joe me explico que me llevaría a su casa para que estuviera segura y aparte de que le sería mas facil cuidarme. Por lo menos me consoló saber que alguien se preocupara por que siguiera viva, pero ¿por que?...eso era lo más curioso de todo.
- Las reglas de todo ésto es que no debes de mirar, respirar ni gritas ¿de acuerdo?
-De acuerdo- me aferré a él cuando éste me subió a su espalda y en cuestión de suegundos estabamos afuera de casa.
Sin embargo se detuvo en seco, supe que estabmos en peligro por la postura que tomó Joe, era como si esperar un ataque de alguien. Sobre su hombro logré ver una sombra negra, su manera de moverse me hizo estrmecer.
- Tranquila estaras muy bien- dijo Joe un poco tímido, inseguro.
Aquel jóven sonreía con malicia descubriendo sus colmillos de los cuales colgaban hilillos de sabque y de su labio igual caía sangre y se limpió con su lengua y me perjuré a mi misma que era un producto de mi imaginación, no era real, no podía serlo. Salió un sonido fuerte del pecho de Joe y escondí mi rostro entre sus hombros, tenía miedo.
-Dame a la chica
-No - respondió Joe firmemente y me sujetó con más fuerza.Joe y aquel chico se enfrentarían, eso era seguro y no podía caber duda en ello.
Me aferré esperando mi muerte, esperando...el final de ésta historia.
Doramas
QUIERO QUE SE SIENTAN BIENVENIDOS Y SEPAN QUE LES DARE RESEÑAS DE ALGUNOS DORAMAS ENTRE OTRAS COSAS INTERESANTES
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